jueves, 29 de noviembre de 2007

La Guerra de Dacia


Las Guerras Dacias (101-102, 105-106) fueron dos guerras cortas entre el Imperio Romano y Dacia que tuvieron lugar durante el mandato del emperador Trajano.

Introducción:
Durante el siglo I, la política romana respecto a los países vecinos y a las amenazas potenciales era que estas debían ser contenidas pronto. En época de Augusto, cuando los territorios al sur del Danubio fueron ocupados y convertidos en la provincia Moesia, se firmaron varios tratados de alianza con el reino de los Dacios, tratados que fueron mantenidos por los siguientes emperadores y reyes de los dacios. A finales del siglo I ddc, el ascensó al trono de un nuevo y dinámico rey de los dacios, llamado Decébalo, supuso un cambio en la situación, ya que este rey elaboró una política exterior agresiva, por lo que necesariamente debía chocar con Roma. Tras alguna derrota frente a Decébalo, en la que llegó a morir el Prefecto del Pretorio y a ser destruida la Legio XXI Rapax, Domiciano pactó una paz de compromiso que no consiguió que Decébalo dejara de ser enemigo romano, paz que incluía el pago de un subsidio a los dacios a cambio de paz, lo que fue interpretado en Roma como el pago de un tributo a un reino bárbaro y fue una de las causas del asesinato de Domiciano. A pesar de los compromisos a los que había llegado con los romanos, desde sus dominios se continuó acosando a las caravanas y flotas de comerciantes, llegando incluso a realizar actos de pillaje y saqueo de poblaciones fronterizas. Por todo esto, Dacia se veía desde el Imperio Romano como un enemigo potencial.

Además, en esa época, el Imperio romano estaba sufriendo grandes dificultades económicas, principalmente de las costosas campañas militares emprendidas por toda Europa. Los recursos naturales de Dacia, en particular su oro, incitaron probablemente en parte el conflicto.


La conquista de la DaciaEn el año 101 d.C., el emperador Trajano salió en campaña al frente de un ejército de
120.000 hombres. Su objetivo era un pueblo "bárbaro" que habitaba más allá del
Danubio: los dacios. Fueron necesarias dos grandes invasiones, repletas de asedios y
choques sangrientos, para que los romanos lograran al fin arrasar la capital dacia y
convertir el país en una nueva provincia. A su vuelta a Roma, Trajano hizo erigir una
columna con el relato de su gran gesta grabado en relieves.

La conquista de la Dacia
En el año 101 d.C., el emperador Trajano salió en campaña al frente de un ejército de 120.000 hombres. Su objetivo era un pueblo "bárbaro" que habitaba más allá del Danubio: los dacios. Fueron necesarias dos grandes invasiones, repletas de asedios y choques sangrientos, para que los romanos lograran al fin arrasar la capital dacia y convertir el país en una nueva provincia. A su vuelta a Roma, Trajano hizo erigir una columna con el relato de su gran gesta grabado en relieves.

Precedentes:
En tiempos de Augusto existía la convicción de conquistar nuevos territorios hasta alcanzar una frontera natural estable que ejerciera de división entre el mundo civilizado y los bárbaros, que ocupaban un territorio sin civilizar y, por tanto, difícil de mantener. Persia, en cambio, era una excepción: un territorio interesante y civilizado, que tanto Craso como Marco Antonio habían fracasado en conquistar. La política expansionista de Trajano, a diferencia de la de Augusto, sí que contemplaba Persia, pero para llevar a cabo la conquista primero era necesario consolidar una retaguardia estable en el Danubio.
Una arriesgada misión que comportaba entrar en conflicto con los dacios —también llamados getas—, un pueblo formado al otro lado del Danubio, en la actual Rumanía, un estado bastante centralizado y con una civilización superior a la de las tribus vecinas, como los marcómanos o los sármatas. La conquista de Dacia era conveniente para la nueva política exterior de Trajano por razones políticas, estratégicas y económicas. Al invadir Dacia, Trajano consideraba el proyecto de crear en la parte oriental del Imperio una provincia fuertemente latinizada que se identificara con los valores de la romanidad. Esta guerra está reflejada en la Columna trajana, maravillosamente conservada en el Foro de Trajano en Roma, aunque los principales episodios bélicos están exageradamente magnificados. Decébalo, el poderoso rey de los dacios, consiguió la alianza de algunas tribus germánicas y sármatas, reuniendo un ejército de unos 160.000 hombres. Trajano, por su parte, reunió a 120.000 y posteriormente consiguió reforzar las guarniciones defensivas.
La victoria romana en la primera guerra necesitó tres campañas.
La segunda guerra finalizó en agosto del 106 y la conquista se realizó con muchas dificultades. Decébalo huyó hacia los Cárpatos y se quitó la vida al sentirse perseguido.


La primera guerra
Tras conseguir el consentimiento del Senado Romano, en el año 101, Trajano estaba listo para avanzar sobre Dacia, campaña que le llevaría a integrar una nueva provincia dentro de las fronteras del Imperio. Desde que cartagineses y galos acosaran Roma la estrategia más exitosa siempre había sido la misma: reducir el potencial militar del enemigo a cero aplastándolo con todo el peso de las legiones y romanizar posteriormente el territorio conquistado imponiendo la organización administrativa y obras públicas romanas.

Para la campaña del 101-102 d.C Trajano dispone de 86.000 hombres repartidos entre 7 legiones y 41 cohortes mixtas (caballería más infantería) de auxiliares y algunos vexillationes de otras legiones. El ejército reunido es enorme, el mayor desde tiempos de Augusto y que no sería superado hasta la gran operación de Marco Aurelio en el Danubio contra los germanos (véase Guerras Marcomanas). El ejército marcha sobre Tapae donde, en la decisiva Batalla de Tapae, se atrinchera el líder dacio con unos 40.000 hombres entre caballería sármata e infantería dacia. Dada la inferioridad numérica de sus fuerzas, decide jugársela preparando una encerrona a Trajano, pero este, previendo la situación, divide su ejército en dos grupos. El primero dirigido por el propio emperador lo forman las legiones I Adiutrix y II Adiutrix Pia Fidelis, IV Flavia y VII Claudia más las dos cohortes de la guardia pretoriana, 20 de infantería auxiliar y 30 mixtas con unas 10 alas de caballería. Esta fuerza se dirigirá frontalmente hacia los 30.000 hombres de infantería que presenta Decébalo en el estrecho paso por el que obliga a pasar a Trajano. Varias de las cohortes auxiliares y vexilationes se ocupan de cubrir los flancos mientras el segundo contingente dejado al mando de Tercio Juliano se interna en el bosque con las legiones I Italica, V Macedonica, y XIII Gemina para expulsar a la caballería sármata escondida en él y neutralizar así su emboscada.

En 102 Decébalo, tras algunas escaramuzas menores, se rindió. La guerra había durado tan sólo unos meses con victoria romana. Dacia queda convertida en un estado tributario y aliado de Roma por lo que varias legiones son apostadas en su territorio para asegurar el dominio romano.

La segunda guerra
Tras su subyugación, Decébalo cumplió con Roma por un tiempo, pero al poco comenzó a incitar a rebelarse a las tribus dacias, dando como resultado numerosos pillajes de colonias romanas situadas a lo largo del Danubio. En el año 106, Trajano volvió a reunir sus ejércitos para una segunda guerra en Dacia.

A diferencia de la primera guerra, la segunda se desarrolló en innumerables escaramuzas que resultaron caras para el ejército romano, el cual, enfrentándose a un gran número de tribus aliadas, luchó fuertemente por una victoria decisiva. Finalmente, Roma prevaleció sobre Dacia. Al comienzo del verano de 106, se produjo un asalto a la capital Sarmizegetusa con la participación de las legiones II Adiutrix y Flavia Felix junto con un vexillation de la legión VI Ferrata. Los dacios repelieron el primer ataque, pero al final la ciudad fue tomada y quemada. Decébalo huyó, pero pronto se suicidó, para evitar así el ser capturado. A pesar de la muerte del líder de los dacios la guerra continuó. Por la traición de Bicilis (un confidente del rey dacio), los romanos encontraron el tesoro de Decébalo un el río Sargetia (tesoro que ascendía, según la evaluación de Jerome Carcopino, a 165.500 kilos de oro y 331.000 kilos de plata). La batalla final de la guerra tuvo lugar en Porolissum.

Consecuencias
Las Guerras Dacias fueron un gran éxito para el Imperio Romano. Trajano ordenó un total de 123 días de celebraciones por todo el Imperio. Las ricas minas dacias fueron aseguradas, lo que produjo un alivio en la situación económica imperial. Una gran parte de la población dacia fue esclavizada o muerta, en gran parte para evitar futuras revueltas, por lo que Trajano decidió que la nueva provincia debía ser repoblada, para lo cual procedió a fundar colonias y municipios y a repartir tierras a todos los libres del Imperio que deseasen instalarse allí, con lo que un buen número de itálicos, ciudadanos romanos, se instalaron en Dacia, romanizándola intensamente. Dacia pasó a ser, oficialmente, parte del Imperio y para asegurar su defensa, ya que estaba bastante abierta a los movimientos de pueblos de la gran llanura europea, particularmente germanos y sármatas, se instalaron dos unidades legionarias, la Legión XIII Gemina en Potaissa y la Legión I Italica en Novae.


Localización de Dacia:
Dacia es una antigua región europea, cuyo territorio coincide con Rumanía y Moldavia, delimitada al norte por los Cárpatos y al sur por el Danubio.

Los griegos los denominaron getas mientras que el nombre latino era el de dacios . Se supone que provenían de los tracios .

Recursos naturales
El territorio era rico en recursos y entre éstos asumían particular importancia las minas de oro de los montes Apuseni, con los cuales el Estado romano contaba para proveer a la crisis de sus reservas auríferas.
Para incrementar la actividad minera se trasladaron a la zona de los montes Apuseni dos tribus ilíricas (baridustes y pirustes), oriundas de los distritos metalíferos de Dalmacia.


Repoblamiento y colonización
Por este conjunto de circunstancias, Dacia, no quedó como una avanzada de frontera, sino que requirió una colonización intensa, que fue incentivada por el gobierno. Una fuente tardía habla de innumerables colonos llegados de todo el Imperio.
Una rica documentación epigráfica confirma que la provincia tenía una población cosmopolita: particularmente numerosos eran los asiáticos, los sirios y los africanos.

El proceso de colonización duró 165 años. La destrucción de las ciudades dacias y la reconstrucción según el modelo romano y la introducción del latín como lengua oficial aceleraron el proceso de romanización y de cristianización. En las ciudades, los veteranos de guerra contribuyeron igualmente a la difusión de la cultura de la civilización romana.


Devenir histórico
La provincia tuvo momentos de vida florecientes, pero los periodos de completa tranquilidad fueron breves.
Las guerras marcoromanas la golpearon de forma muy dura, aunque los daños pronto fueron reparados. Es más, justo en los primeros decenios del siglo III, las ciudades alcanzaron la cumbre de su desarrollo. Sin embargo, fue una fase corta, interrumpida por la crisis general del Imperio romano en los años siguientes, que evidenció la debilidad de la posición romana más allá del Danubio.

Atacada por todos los frentes, sometida a la constante presión de los sármatas de la llanura húngara y de Valaquia, entre los cuales se interponía obstaculizando sus movimientos, la provincia fue abandonada en el 275 después de un período de guerra crónica.
El ejército, seguido de gran parte de la población romanizada, se retiró de este lado del Danubio.

En dicho año del 275 pasó a ser territorio godo, tras su cesión a dicho pueblo por parte del emperador Aureliano.

Constantino ocuparía de nuevo las cabezas de puente de Drubeta y de Sucidava, todavía mantenidas por los emperadores bizantinos.

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